EFEMÉRIDE – 20 AÑOS DE UNA CORONACIÓN EN ALCALÁ

 en la sección Actualidad

MARÍA
BAJÓ  DEL CIELO


MOMENTOS DE LA CORONACIÓN OFICIADA POR
MONSEÑOR FRAY CARLOS AMIGO VALLEJO, ARZOBISPO
DE SEVILLA
(FOTOS: RUBEN DÍAZ)
En Alcalá de Guadaíra, a 3 de junio de 2000.
Como siempre, amanecía por Gandúl. Desde las primeras horas del día se palpaba en
el ambiente algo especial. Los hogares se inundaban de alegría. Era como si un
espíritu divino visitara nuestras casas. Una sensación contradictoria nos
invadía. Por un lado, nos parecía mentira que hubiera llegado este día, después
de tanta espera. Pero por otro lado, no queríamos que pasara el tiempo. Es como
si quisiéramos disfrutar cada minuto, cada instante. Cada vez que cerrábamos
los ojos la veíamos a Ella. A pesar de que conocíamos todos los detalles,  no dejábamos de soñar en todos los momentos
que nos quedaban por vivir. Pensábamos que éramos unos afortunados por poder
vivir este acontecimiento histórico. Familias enteras preparaban sus mejores
galas. Madres, hijas y nietas trataban con exquisita delicadeza la indumentaria
para ese día: mantillas blancas, alfileres, peinecillos, peina y pendientes. 

Todo preparado como si fuesen a recibir el más preciado de los sacramentos.
Mujeres alcalareñas que intentaban de resumir en un instante toda una vida de
devoción y de recuerdos. La Virgen siempre las acompañó: en esas frías mañanas
camino de los almacenes de aceituna, en esas horas interminables amasando el
fruto bendito de Dios que diera nombre a este pueblo, y en esas oraciones que
enseñaban a sus hijos antes de ir a la cama. Sí, era el gran día de nuestras
madres: de las madres que nos dieron la vida y de la madre que nos esperaba al
final de la escalera que une el cielo y Alcalá.
Avanzaba el día, pero no avanzaba. Los
capataces iban reuniendo a sus cuadrillas. Cientos de hombres llegados de todos
los rincones de nuestro pueblo, que a pesar de su larga experiencia siendo los
pies de la Madre de Dios y de su Divino hijo, sentían un nerviosismo especial.
Costaleros curtidos que siempre soñaron con poder llevarla. Jóvenes que no
podían imaginar que, a pesar de su corta edad, iban a tener la oportunidad de
sentir sobre sus hombros el dulce peso de la Madre de Alcalá.

Conforme se acercaba la hora, un reguero de
fieles y devotos inundaban nuestras calles. Poco a poco se iba llenando el
recinto preparado para recibir a la Madre de Dios. No había sitios cerca y
sitios lejos, desde cualquier lugar se sentía con la misma intensidad su divina
presencia. Allí estaban en primera fila las mejores embajadoras de nuestro
pueblo, todas las que se llaman como Ella.
De nuevo cerrábamos los ojos y veíamos su
cara. Hasta que por fin vimos cómo se acercaba custodiada por las almenas. La
sonrisa de la Virgen y del Niño fue más amplia que nunca al ver a tantos
alcalareños unidos en torno a una misma devoción.
Y ya cuando el azul del cielo se fue tornando
naranja, cuando el sol nos regalaba sus últimos rayos del atardecer, antes de perderse
definitivamente por el cerro de los Ángeles, se produjo el milagro. Todos
alzamos la mano para tocarla, todas quisimos ponerle la corona, todos
entregamos nuestro corazón a la Reina de los alcalareños.
Hoy, después de veinte años de ese magno acontecimiento
mariano, hoy después de celebrar año tras año la Asunción de María a los cielos
cada 15 de agosto, hoy podemos decir que el día 3 de junio de 2000 María bajó
del cielo.
¡¡Viva la Virgen del Águila!!


                                                                                         
José Manuel
Medina Picazo
Miembro de la Junta de Gobierno de la Hdad del Águila

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