MIÉRCOLES CUARESMALES – EN ALCALÁ, DIOS HABITA EN SANTIAGO

 en la sección Actualidad

No ha sido un traslado cualquiera

Como punto de
inflexión llegó una ansiada cita en el calendario. Santiago se queda a oscuras,
iluminada solo por el caminar de un nazareno cautivo que por fin pudo cruzar
las naves del templo entre un océano de fieles gritándole en silencio todo el
sufrimiento buscando su consuelo.

Con túnica blanca,
tan blanca como la paz que fue dejando allá por donde iba pisando en aquella
fría noche de viernes de vigilia. Una cita tan necesaria para el alma como el
mismo aire que respiramos; la fe reafirmada ante quien llevó la cruz al
calvario por nosotros.

No ha sido un
traslado cualquiera, ni ese acontecimiento de la cuaresma que acorta la
espera;  esta vez Jesús ha sido el
cirineo que nos aguanta la cruz cuando más nos pesa. Porque así mismo Él nos
dijo: “Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga y yo
los aliviaré. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y
humilde de corazón y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga,
ligera”.

A los pies del altar
quedó su cuerpo escarnecido, regando la tierra su sangre inocente y, rodeando
su imagen, Alcalá observa aquél talón que tantos besos  y promesas desesperadas en otros tiempos recogió.
Tan solo sus ojos nos dieron la paz que nos sosiega, en su mirada encontramos
la esperanza que recordamos buscar cuando nos hace falta y Él, sin preguntar,
sin pruebas, sin condiciones, nos entrega. “Perdón Dios amado, qué ingrato te
fui”.

Paloma Castillo
González

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